Soja. Su papel en la prevención y tratamiento de las enfermedades
Revisión Bibliográfica encargada a: Mª José Borreguero
Doctora en Ciencias Químicas
Desde el punto de vista nutricional, la soja y sus derivados, fueron identificados principalmente por su contenido proteico, pero durante los últimos años, ha habido un interés creciente entre los científicos por conocer las causas y el potencial de la soja en el tratamiento y prevención de numerosas enfermedades.
Recientemente los estudios científicos se han centrado en la presencia de isoflavonas. En varios trabajos se ha demostrado que las isoflavonas inhiben el crecimiento de las células cancerígenas, bajan el nivel de colesterol y disminuyen la osteoporosis.
Proteínas
La concentración de proteínas en la soja es la mayor de todas las legumbres. Pero más importante que la cantidad es la calidad de esta proteína.
La proteína contenida en los vegetales tiene un bajo contenido en aminoácidos sulfurados (metionina y cisteina), excepto en la soja, donde el nivel de estos aminoácidos es suficiente para aportar las cantidades requeridas por el ser humano (Young 1991).
La proteína de soja recibe un PDCAAS (método para evaluar la calidad de la proteína) entre 0.95 y 1.0, el más alto valor posible.
Grasas
Del contenido graso de la soja aproximadamente el 53% del total de ácidos grasos corresponde a ácido linoleico. Sin embargo lo más importante es que aproximadamente entre el 7 y 8% corresponde al ácido graso esencial, alfa-linolenico. Hay relativamente pocas fuentes vegetales de este ácido graso esencial, por lo que el consumo de leche de soja es una forma conveniente de cubrir los requerimientos diarios.
El ratio entre ácidos grasos n-6 y ácidos grasos polinsaturados n-3, sugerido por la OMS esta entre 4:1 y 10:1 (WHO/FAO 1994). El ratio entre el ácido linoleico y el alfa-linolenico en la soja esta entre 7-8:1.
Hidratos de carbono
Entre estos cabe destacar los oligosacáridos. La soja es la legumbre que contiene una mayor concentración de oligosacáridos.
En los últimos años se ha demostrado el beneficio de consumir oligosacáridos debido a que promueve el crecimiento de las bifidobacterias, asociadas a la reducción del riesgo de cáncer de colón( Tomomatsu 1994) (Burkitt and Trowell 1975).
Con respecto a los carbohidratos solubles, la rafinosa y la estaquinosa son los más importantes, principalmente porque su presencia va unida a la flatulencia y distensión abdominal asociada al consumo humano de leche de soja.
Los humanos no tenemos el enzima alfa-galactosidasa necesario para hidrolizar el enlace alfa-galactosidico presente en estos oligosacaridos. Por ello no pueden hidrolizarse en el duodeno y pasan intactos al intestino grueso donde son metabolizados por microorganismos que si que tienen esta enzima. El resultado es una producción de gases tales como el dióxido de carbono, hidrogeno, nitrógeno, metano, etc., dependiendo de la dieta y de la microflora propia de cada individuo (Cristofaro et al. 1974, Liener 1994).
A pesar de que la presencia de oligosacaridos en los productos derivados de la soja es considerada generalmente indeseable, estudios recientes han demostrado efectos beneficiosos en la dieta humana (Masai et. al. 1987, Takasoye et al. 1991, Tomomatsu 1994). Estos son:
1.- Incremento de la población de bifidobacterias en el colon, las cuales por un efecto antagonista, suprimen el efecto de las bacterias con actividad putrefacta.
2.- Reducen los metabolitos tóxicos y enzimas perjudiciales.
3.- Previene la diarrea patogénica y autógena por los mismos mecanismos descritos en la reducción de las bacterias perjudiciales.
4.- Previene el estreñimiento dada la producción de altos niveles de ácidos grasos de cadena corta.
5.- Tiene una función de protección hepática al reducir los metabolitos tóxicos.
6.- Reduce la presión sanguínea.
7.- Tiene afectos anticancerígenos.
8.- Produce nutrientes tales como las vitaminas al incrementar la actividad de las bifidobacterias.
Isoflavonas de la soja
Durante los últimos años la comunidad científica ha empezado a reconocer la importancia de los micronutrientes presentes en las plantas, comúnmente llamados fitoquímicos. En el caso de la soja cabe destacar la presencia de isoflavonas.
Las isoflavonas tiene una presencia muy limitada en la naturaleza y a efectos prácticos, se puede considerar que la única fuente natural de estos compuestos es la soja (Steinmetz and Potter, 1991). Por eso no sorprende que los niveles de isoflavona encontrados en sangre y orina en los asiaticos (Adlercreutz at al. 1993) y en vegetarianos occidentales (Adlercreutz at 1995) sea entre 10 y 100 veces más alto que los niveles en individuos con una dieta occidental tradicional.
Un vaso de leche de soja, contiene aproximadamente 30 mg de isoflavonas, que se considera la cantidad diaria necesaria (Hertog et al.1995).
Una de las propiedades más importantes de las isoflavonas es su actividad estrogénica. Reciente publicaciones han demostrado los efectos tanto estrogénicos como antiestrogénicos de las isoflavonas de la soja (Mäkelä et al. 1995).
Primero, pueden actuar como antiestrogenos cuando los niveles endógenos de estrenos son relativamente altos, tal como en mujeres premenopausicas (Lonkovaara et al.1995, Cassidy et al. 1994,1995, Fujimoto et al. 1995). Segundo, pueden actuar como agonistas del estrogeno, cuando los niveles de estrogenos están bajos, tal como encontramos en mujeres postmenopausicas (Biggers and Curnow 1954, Bickoff 1962, Martin et al. 1978, Tang and Adams 1980, Mayr et al. 1992, Markiewicz et al. 1993).
Soja en la prevención y tratamiento del cáncer
Diversos estudios demuestran que el consumo de soja esta asociado a una protección efectiva frente a diversos tipos de cánceres (pulmón, colon, rectal, mama, estomago y próstata) (Akiyama and Ogawara 1991, Kiguchi et al. 1990, Kondo et al. 1991, Okura et al 1988, Schweigerer et al. 1992, Watanabe et al. 1989, 1991).
Se cree que las isoflavonas previenen el cáncer, tanto por sus propiedades antioxidantes (Wei et al. 1993) como por la inhibición de varias enzimas que regulan el crecimiento celular (Ogawara et al. 1986, Akiyama et al. 1987, Thorburn and Thurburn 1994, Linassier et al. 1990, Markowits et al. 1989, Constantinou et al. 1990).
Cáncer de mama
El cáncer de mama es el cáncer más común entre las mujeres y la segunda causa de muerte (American Cancer Society 1994). El riesgo del cáncer de mama entre las mujeres es de 1 en 9.
Se ha encontrado una relación entre el consumo de soja y la disminución en la prevalencia de este tipo de cáncer. Así en Japón, donde se consumen regularmente alimentos en base a soja, la prevalencia de cáncer de mama es cuatro veces inferior a la de USA ( Yuan et al. 1995, Hirose et al. 1995). Además se ha demostrado la acción antiestrogenica de las isoflavonas de la soja (Peterson and Barnes 1991).
Cáncer de próstata
Entre los hombres el cáncer más común es el de próstata (American cancer Society 1994) . La incidencia en USA es de aproximadamente 1 en 11.
En este tipo de cáncer también se ha observado que la incidencia es entre 10 y 15 veces superior en USA que en Japón (Yatani et al. 1989). Diversos trabajos científicos entre los que cabe destacar el de Mäkelä (1995) en el que se demostró una marcada disminución de la incidencia de cáncer de próstata en animales alimentados con una dieta que contenía soja en comparación con el grupo control. Estos hallazgos hacen suponer que es el consumo de soja lo que contribuye a la baja incidencia del cáncer de próstata en los hombres japoneses.
A pesar de que la función precisa de los estrogenos en el cáncer de próstata no esta bien definida. Los potenciales efectos estrogenicos de las isoflavonas hacen esperar un efecto protector, sobretodo después de haberse utilizado de forma exitosa la terapia hormonal de los cánceres de próstata con metástasis (Pienta and Esper 1993).
Los trabajos científicos de Peterson and Barnes 1993 y Evans et al. 1995, demuestran que la isoflavonas de la soja pueden inhibir el crecimiento del cáncer de próstata a través de mecanismos tanto hormonales como no hormonales (inhibiendo la acción de ciertos enzimas).
Tratamiento del cáncer
Existen datos que demuestran que la soja puede utilizarse en el tratamiento de tumores cancerígenos conjuntamente con los convencionales agentes quimioterapicos, potenciando su acción. Así, los trabajos de Takeda et al. 1994 y Clark et al. 1989, muestran que in vitro las isoflavonas de la soja potencian la efectividad de los quimioterápicos y de otras drogas anticancerígenas.
Soja y Osteoroposis
La osteoporosis es un problema mundial y de una gran magnitud. La osteoporosis es particularmente problemática en países industrializados. En USA por ejemplo, entre 15 y 20 millones de personas sufren osteoporosis (Osteoporosis Consensus Panel 1884).
Proteína animal, proteína de soja y salud ósea
Uno de los factores que se piensa es adverso para la salud ósea es el consumo diario de proteína, así Wachman and Bernstein (1968) fueron los primeros en proponer que un alto consumo de proteína podía provocar osteoporosis por un incremento de la excreción urinaria de Calcio. A pesar del alto contenido de proteína de la soja, parece que es ventajosa la sustitución de la proteína animal por proteína de soja.
Un punto fundamental para combatir la osteoporosis es reducir la excreción de calcio, optimizando de esta forma la retención del calcio en el hueso.
A pesar de que otros factores pueden ser también importantes, parece que el efecto hipercalciúrico de la proteína, es debido al metabolismo de los sulfoaminoacidos, metionina y cisteina. Así el bajo contenido de sufoaminoacidos de la proteína de soja puede ayudar a reducir la excreción del calcio en comparación con la proteína animal (Remer and Manz 1994, Green and Kleeman 1991), ya que la proteina de soja contiene menores cantidades de sulfoaminoacidos que la leche o la proteina animal ( Pennington 1994).
Pero existen otros compuestos en la soja además de la proteína que ayudan a una buena estado de la estructura ósea. Algunos experimentos sugieren que las isoflavonas de la soja inhiben la resorción del hueso y estimulan la formación.
Una observación interesante es la similitud en estructura química, entre las isoflavonas de la soja y la ipriflavona (medicamento usado para inhibir la resorción del hueso, a través de un mecanismo estrogénico) ( Tsutsumi et al. 1994).
En distintos trabajos científicos realizados en animales se ha observado un incremento de la masa ósea con el consumo de soja ( Arjmandi et al.1995, Anderson et al. 1987 and Blair et al. 1996). Fanti et al.1996 sugiere que las isoflavonas de la soja aumentan la densidad ósea, mediante la estimulación de la formación del hueso más que inhibiendo la resorción.
Hay que destacar que la soja es rica en calcio (15 mg/ 100 g) facilmente absorbible por el organismo ( Heaney et al. 1991, Weaver and Plawecki 1994).
Soja y enfermedades renales
En las enfermedades renales, se recomienda una restricción del aporte proteico, ya que se ha demostrado que provoca un empeoramiento de la función renal (Brenner et al.1982, Klahr 1990). Sin embargo, no todas las proteínas afectan de igual forma a las funciones renales y remplazar las proteínas animales por proteínas de soja beneficia a los pacientes nefróticos y ayuda a reducir el riesgo de desarrollas enfermedades renales a los individuos de alto riesgo.
Diversos estudios científicos han demostrado que una alimentación vegetariana en la que las proteínas de soja forman parte substancial del aporte proteico, varios parámetros de la función renal mejoran con respecto a aquellos sujetos que consumen una dieta donde las proteínas derivan de fuentes animales (Kontessis et al. 1995).
Parece que el efecto de la soja sobre la función renal se debe tanto a la proteína como al efecto hipocolesteronemico de la soja. Este hecho ha tomado una gran importancia últimamente desde que se ha reconocido que la patología de la arteriosclerosis y de la enfermedad renal es similar, consecuentemente controlar los niveles de lípidos en la enfermedad renal es extremadamente importante (Guijarro and Keane 1994, Wheeler et al. 1994).
Soja y enfermedades del corazón
Se sabe que aproximadamente un 20% de la población, tiene niveles altos de colesterol, lo que provoca un alto riesgo de padecer una enfermedad cardiaca (National Cholesterol Education Program 1993).
Recientemente diversas publicaciones (Carroll 1991), han demostrado la propiedad de bajar los niveles de colesterol en sangre de la proteína de soja. Ya desde la década de los 70, en Italia la Dirección General de Sanidad, proveía proteína de soja para el tratamiento de los altos niveles de colesterol en sangre (Sirtori et al. 1993).
El primer estudio en humanos demostrando los efectos hipocolesterolémicos de la soja se publico en 1967 (Hodges et al. 1967), desde entonces se han publicado aproximadamente 40 estudios clínicos estudiando esta relación.
Otro punto a tener en cuenta es la relación entre LDL y HDL Colesterol. Las dietas dirigidas a bajar los niveles de colesterol generalmente disminuyen los niveles tanto del LDL como del HDL Colesterol. En el caso de la proteína de soja, sin embargo, sólo disminuye el valor del LDL, consiguiéndose de esta forma una relación LDL:HDL favorable (Nilausen and Meinertz 1996, Potter et al. 1996, Kurowska et al. 1996).
En USA se ha hecho un estudio demostrando que la disminución de los niveles de colesterol debidos al consumo de soja puede disminuir las enfermedades cardiacas en un 50%. Además, cabe destacar que esta propiedad de la soja afecta incluso a aquellos individuos que no cambian el resto de su dieta (Verrillo et al. 1985).
En varios estudios experimentales se ha demostrado el efecto hipocolesterolémico de varios componentes de la soja (Hodges et al. 1967, Sirtori et al. 1977, Verillo er al. 1985). Recientes datos sugieren sin embargo que son las isoflavonas de la soja las responsables de la disminución de los niveles de colesterol (Anthony et al. 1995, Siddiqui and Siddiqui 1976).
Parece ser que el efecto de la soja sobre las enfermedades cardiacas, funciona por dos vías:
1.- El efecto hipocolesterolémico de las isoflavonas (Kanazawa et al. 1995).
2.- La disminución del riesgo de enfermedad cardiaca independiente de la reducción de los niveles de colesterol (Murphy et al. 1993, Hollenberg 1994).
Soja y menopausia
Sabemos que la incidencia de síntomas asociados a la menopausia, tales como sudores nocturnos y sofocos, en mujeres japonesas es una tercera parte de las reportadas entre mujeres estadounidenses (Lock 1994). El consumo de soja se ha propuesto como una explicación de esta baja incidencia (Adlercreutz et al. 1992). La base biológica sería los efectos estrogénicos de las isoflavonas de la soja.
El papel de la soja en la reducción de los síntomas propios de la menopausia es importante, debido a los millones de mujeres que van a llegar a la menopausia en los próximos años y sólo una pequeña parte de ellas optan por la terapia de remplazamiento hormonal.
En 1990, Wilcox et al. (1990) indicaron los efectos estrogénicos observados por el consumo de soja en mujeres postmenopáusicas (determinado por el índice de maduración vaginal).
El tratamiento hormonal además de eliminar los síntomas menopáusicos (Woods et al. 1996, Dalais et al. 1996, Burke 1996), reduce el riesgo cardiovascular y la osteoporosis y protege asimismo contra el cáncer de colón ( Davidson 1995). El efecto del consumo de soja en la eliminación de los síntomas menopáusicos esta probado pero desde un punto de vista clínico, no esta demostrado que el consumo de soja tenga los mismos efectos que un tratamiento hormonal substitutivo. |